alumno

El sistema educativo peruano tiene ya vastas dimensiones. Su componente mayor, la educación básica regular, atiende a 7 millones y medio de estudiantes en poco más de 92 mil escuelas distribuidas en todo el territorio nacional, en las cuales trabajan 440 mil docentes. Cuando alcanzan dimensiones como esas los sistemas educativos necesitan instrumentos normativos destinados a asegurar el rumbo de la educación hacia propósitos nacionales compartidos y favorecer el funcionamiento armónico de la totalidad. Uno de estos instrumentos es el currículo, que interpreta los principios y fines de la educación nacional y establece el cuerpo orgánico de contenidos (capacidades, conocimientos, actitudes) que deberán ser objeto principal de la labor educativa.

La unidad del sistema –a la cual contribuye el currículo- es importante además porque favorece la movilidad de los estudiantes, que de una parte es vertical (los alumnos pasan de un grado a otro, de un ciclo al que le sigue, de un nivel al subsiguiente) y de otra parte es horizontal, pues los estudiantes suelen trasladarse de un punto del país a otro relativamente distante. Debido a que existe este movimiento, que en poblaciones grandes es intenso y permanente, es preciso que el currículo que rige la actividad escolar en el país sea único, justamente para asegurar la equivalencia de los estudios y permitir una certificación válida. Pero ese currículo, siendo único, no puede ser aplicado por igual en todas partes, puesto que se debe considerar la diversidad geográfica, económica, social y cultural. Surge en consecuencia una cierta tensión entre dos polos, unidad y diversidad, que debe ser superada en aras de un desenvolvimiento regular del sistema. Felizmente,  esta divergencia queda resuelta por los procesos de diversificación curricular.

En el Perú, la Ley General de Educación 28044 establece que el Ministerio de Educación diseña currículos básicos nacionales y que estos deben ser diversificados por las instancias regionales y locales (Cf. Art. 33º). De este modo, la unidad y la diversidad quedan respetadas. El Reglamento de EBR, en su artículo 23º, Lineamientos generales de diversificación curricular, precisa todavía más los términos: “El Ministerio de Educación establece los lineamientos para la diversificación curricular a nivel regional e institucional para que, basados en el Diseño Curricular Nacional de la EBR, se construyan currículos pertinentes a las características específicas, necesidades y demandas de los estudiantes en función de sus entornos socio-culturales, lingüísticos y económico-productivos”.

El proceso es claro: debe existir un currículo nacional y se debe proceder a diversificarlo para su aplicación. No obstante que las disposiciones legales son rotundas, la diversificación del currículo –de la cual se habla desde la década de los 70-  no se ha hecho realidad en el país, salvo en algunas instituciones, muy pocas. Felizmente la situación puede estar a punto de ser corregida durante la administración actual, pues la Ministra de Educación ha anunciado que en el año 2014 entrarán en vigencia currículos regionales. El reto es grande y el plazo bastante corto, pero no se está partiendo de cero: Existe un DCN, aprobado en diciembre de 2008, y algunos gobiernos regionales han avanzado con la construcción de currículos correspondientes a sus respectivos ámbitos. No obstante, el camino no está libre de obstáculos, varios de los cuales se hallan en el mismo DCN. Mencionaremos algunos: (i) El DCN proporciona indicaciones para la diversificación curricular, pero estas contradicen lo dispuesto por la ley y el reglamento. En efecto, el DCN limita el rol de los gobiernos regionales y locales, puesto que estos se reducen a elaborar “de manera clara y práctica un documento que contenga orientaciones concretas para que las instituciones educativas puedan llevar adelante el proceso de diversificación”. Con ello les quita a los gobiernos regionales la responsabilidad de participar en la diversificación y entrega la tarea a las instituciones educativas, estableciendo un salto demasiado grande de lo nacional a lo institucional, sin el paso por las estaciones intermedias que serían los currículos regionales. (ii) El DCN dispone que las instituciones deben mantener el contenido del currículo nacional, con la facultad de añadir “a nivel de capacidades, conocimientos y actitudes” lo que pudiera convenir a “la propia realidad y el contexto”. En este caso, la diversificación consistiría en agregar elementos a una matriz inamovible que de por sí ya está sobrecargada de contenidos. En efecto, si se examina los cuadros de capacidades y conocimientos que recorren los grados de la EBR se encuentra una superabundancia difícil de manejar pues no queda clara la distinción de lo fundamental, valido para todo el país, y lo que podría ser diversificable. Esta exuberancia de contenidos se ve fácilmente mirando los cuadros correspondientes a cada área; pero si se los examinara en profundidad se descubriría muchos casos de incoherencia y falta de orden, de duplicidades y carencias  que tendrían que ser resueltos para que el DCN llegue a ser un instrumento flexible y diversificable.

Si en efecto queremos dar en los próximos años los pasos necesarios para que las instituciones educativas trabajen por fin con currículos efectivamente diversificados se precisa iniciar el trabajo con una revisión del DCN, para lo cual se requerirá de esclarecimientos teóricos que nos hacen mucha falta. La reflexión sobre asuntos curriculares fue intensa durante la reforma educativa, pero fue interrumpida en los años subsiguientes[1]. Después, se ha producido un silencio que nos ha perjudicado. Es preciso que, puesto que se respiran nuevos aires en el sector, estos no se contaminen con posiciones verticales y se proceda a un amplio intercambio de ideas que conduzcan a una revisión del DCN y a la emisión de lineamientos claros para procesos de diversificación y planificación curricular que tomen en cuenta los requerimientos actuales de nuestra realidad[2].

(El presente artículo fue publicado en el Boletín del Consejo Nacional de Educación del Perú, dedicado al tema Diversificación curricular. CNE, Lima, 2013

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[1] Es preciso reconocer  que los acuerdos de la conferencia mundial de educación, realizada en Jomtien (Tailandia, 1990), reavivaron las discusiones sobre áreas y competencias, pero estas no se dieron en nuestro país sino en el extranjero. Mucho de lo que repetimos en esa época nos venía de fuentes españolas, argentinas o colombianas.

[2] No se puede dejar de mencionar siquiera de paso otros obstáculos para la diversificación del trabajo. Uno de ellos tiene que ver con la política de producción de textos para uso de los escolares, que siendo únicos para todo el país terminan por ser los rectores de la acción educativa. Esta política tendría que ser evaluada y revisada.

Manuel Valdivia Rodríguez

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