En 2012 se conmemora el 25º aniversario del Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono. El tema de la celebración de este año, “Proteger nuestra atmósfera para las generaciones venideras”, hace hincapié en la extraordinaria colaboración y los beneficios para el medio ambiente que lograron los gobiernos del mundo a través del Protocolo de Montreal.

Hace un cuarto de siglo, uno de los principales problemas a los que se enfrentaba la humanidad, el agotamiento de la capa de ozono que protege la vida en la Tierra de los efectos nocivos de los rayos solares ultravioleta, inspiró uno de los mejores ejemplos hasta la fecha de cooperación mundial en un tema relacionado con el medio ambiente.

La historia del Protocolo de Montreal resulta pertinente en nuestros esfuerzos para adaptarnos al cambio climático y mitigar sus efectos, así como para hacer frente a otras amenazas ambientales y aplicar los resultados de la conferencia de Río+20 sobre el desarrollo sostenible, ya que pone de relieve los beneficios derivados de la promoción de una economía verde inclusiva y demuestra que, cuando se toman medidas respecto de un tema concreto, se pueden abordar también simultáneamente muchas otras cuestiones.

Tras la eliminación gradual del 98% de los gases que agotan el ozono en productos agrícolas, industriales y de consumo, la capa de ozono ha empezado a regenerarse y se espera que se recupere completamente en las próximas cinco décadas. Gracias a ello, se han evitado ya millones de casos de cáncer de piel y de problemas oculares, como las cataratas, aparte de otros efectos nocivos de la radiación ultravioleta para el medio ambiente. El Protocolo ha actuado también como catalizador de numerosas innovaciones en los sectores de la industria química y la manufactura de equipos, que han dado lugar a sistemas de refrigeración más eficientes en el consumo de energía y más inocuos para el medio ambiente.

Las medidas adoptadas con arreglo al Protocolo han resultado también muy beneficiosas para el clima. Muchas de las sustancias que se han ido eliminando gradualmente, como los clorofluorocarburos que se solían utilizar en productos como la laca para el cabello, contribuían de manera notable al efecto invernadero. No obstante, aun quedan problemas por superar. Los gobiernos deben mantener su compromiso de completar el trabajo empezado y evitar problemas adicionales. Por ejemplo, en sustitución de las sustancias químicas que agotan el ozono, está creciendo rápidamente el uso de hidrofluorocarburos, productos inocuos para la capa de ozono pero que son poderosos gases de efecto invernadero.

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