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Indira, una niña de 10 años de edad que estudia en el quinto grado de primaria de la Institución Educativa N° 10117, en una zona rural del norte del país, comenta: “la profesora nos ha dicho que tenemos que avanzar porque estamos muy atrasados, siempre nos dice que tenemos que avanzar”. Marco, en cambio, un joven de 15 años que se encuentra en cuarto grado de secundaria, en la misma Institución, manifiesta: “la verdad, nosotros estudiamos para el colegio, pero fuera del colegio aprendemos otras cosas. ¿Por qué en el colegio no nos enseñan para la vida?”. Estas expresiones las encontramos muchas veces, como docentes y como padres de familia.

En las escuelas peruanas, en las públicas y en muchas privadas, hemos venido aplicando un currículo oficial que en la práctica se desconecta de la demanda de aprendizajes de nuestros estudiantes y sus contextos, centrada en una propuesta “cognitiva” que prioriza el manejo de información, dejando en más de una ocasión ocultas las demandas socioemocionales y psicomotrices de aprendizaje. En el caso de Indira, las demandas curriculares aparecen excesivas, e inducen a atenderse de manera rápida y superficial, sin verificar logros, simulando en verdad el cumplimiento del programa. El caso de Marco se introduce más bien en el fondo de la actual perspectiva curricular de la enseñanza en las escuelas, dejando al desnudo el gran déficit de las Instituciones Educativas de lograr integrar la finalidad de la educación formal y las demandas de aprendizaje.

Ya desde hace varios años se hablaba de la necesidad de tener un currículo que se integre a las demandas nacionales de aprendizaje y que los diversos currículos existentes por entonces puedan articularse a través del desarrollo de competencias. Hacia el 2005 se oficializa este intento de articulación y a fines del 2008 se consolida, pero en la escuela no se concretiza la integración. Una de las causas, entre otras, es que no se consideró a los docentes (quienes en la práctica implementamos el currículo) como un agente esencial en el proceso de construcción curricular.

Hoy los docentes estamos viviendo un proceso en el que somos protagonistas activos, proceso de desarrollo humano que reclama de nuestros jóvenes estudiantes competencias para actuar con mucha creatividad sobre diversas y complejas realidades, cambiantes y extremadamente dinámicas. Estas condiciones nos desafían de manera frontal y la escuela debe reorientar el currículo bajo esta mirada. Esta realidad nos lleva a ser partícipes de una propuesta curricular que sí logre la integración entre las demandas de aprendizaje y lo que se debe enseñar.

El «Marco Curricular Nacional: propuesto para el diálogo», nos demanda a los docentes una participación activa no solo en su implementación, sino en su construcción misma. Regularmente, muchos maestros vemos al currículo como un documento técnico, ajeno, hecho por especialistas y que solo ellos lo entienden. El debate reflexivo y teórico ya se ha ampliado bastante y tiene sus frutos: estamos de acuerdo en tener un currículo más accesible y amigable, que responda a esas demandas de aprendizaje de cada contexto, sin perder la identidad nacional y forme ciudadanos del mundo, estamos de acuerdo en que el currículo facilite la gestión del director o directora como líder pedagógico, estamos de acuerdo con un currículo que haga que nuestros estudiantes disfruten del aprender, sin dejar de ser exigentes en ello.

Es también necesario que se terminen de afinar algunas cuestiones de índole curricular a nivel de los aprendizajes fundamentales, pero es imprescindible que el diálogo sobre esta construcción curricular llegue a las regiones y escuelas, que pase de un diálogo teórico a la práctica reflexiva, que el Marco Curricular se construya en la acción y legitime la propuesta para oficializarla.

No podemos estar por más tiempo con dos currículos trabajando de manera paralela en nuestras escuelas, eso lleva a que los maestros y maestras no determinemos de forma adecuada el qué aprender y el cómo lograr los aprendizajes en las escuelas, con un currículo oficial solo de nombre y otro oculto pero a todas voces necesario y pertinente.

Asimismo, es de vital importancia generar una política curricular que despliegue el potencial de las regiones, permitiendo que en ellas existan profesionales capaces de articular las demandas nacionales y regionales con la formación de ciudadanos capaces de asumir los retos que les toca afrontar. Por ello se hace necesaria la creación de un organismo que permita la formación de expertos en desarrollo curricular de manera descentralizada y que se traduzca en un modelo de gestión centrada en los aprendizajes.

Finalmente, es preciso derrumbar los muros que separan a la escuela del mundo real. Sabemos que el currículo por sí mismo no garantiza que los aprendizajes de calidad se logren, esa garantía la brindamos todos los actores de la escuela e instancias de gestión, por lo que requerimos de un cambio de actitud, de estar preparados y asumir nuestro rol docente como mediadores del aprendizaje.

Fuente: http://foroeducativo.com/el-curriculo-entre-la-oficialidad-y-la-demanda-de-aprendizajes/

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