El currículo no quiere ir a la escuela

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Que los escolares peruanos aprenden lo que el currículo les pide, es sólo una ilusión ¿Qué tan grande es el trecho entre el dicho y el hecho?

A ocho años de promulgado, ¿cuántos docentes conocen y utilizan realmente el Diseño Curricular Nacional?, ¿cuánto, cómo y para qué lo usan?, ¿qué piensan de él?, ¿se sienten satisfechos o creen que debe ser reformulado? Responder estas preguntas es indispensable si queremos que el currículo escolar en el Perú no se fosilice, siga evolucionando y aprenda a superarse a sí mismo cada cinco años, como las normas y la razón aconsejan.

Empecemos por las percepciones. Una encuesta a una muestra de mil docentes de 15 regiones, encargada el 2012 al Instituto de Opinión Pública de la PUCP por el Ministerio de Educación, arrojó resultados sumamente elocuentes sobre la imagen del DCN que tienen los maestros y la manera como dicen relacionarse con él.

A la pregunta de si han leído las áreas curriculares, alrededor del 70% dijo haber leído básicamente las de ciencia y ambiente, matemática y comunicación. En general, el promedio de áreas leídas es de seis, de un total de doce. El 67% indica que no ha leído el DCN de manera completa –ni lo que corresponde a su propio nivel ni a otros niveles- porque prefiere enfocarse en sus cursos o porque no tiene tiempo. Este primer dato es inquietante.

Cuando se les pide opinión, un 75% dice que el DCN está formulado con claridad y un 67% que su nivel de complejidad es adecuado, llegando a 88% los que sostienen, además, estar de acuerdo con los contenidos de las áreas. Curiosamente, a pesar de esa buena apreciación general, un 59.1% lo cuestiona por su desajuste a la realidad, sólo un 15.7% cree que el DCN toma muy en cuenta la diversidad cultural del país, y apenas un 19.4% lo considera muy coherente. Las siguientes respuestas ayudan a entender mejor cuál es el grado de valoración que le conceden en la práctica.

Preguntados por el uso que le dan, la amplia mayoría (88%) dice que lo emplea básicamente para la programación curricular anual. Es decir, ¿una vez al año? Admiten usarlo mucho menos para la preparación de clases (43%) y sólo el 31.4% dice que le es útil para evaluar. Un 48% de docentes dice que lo utiliza 1 vez al mes y un significativo 51.9% admite que lo emplea sólo de 1 a 5 veces al año. Su uso infrecuente es más que evidente.

Finalmente, ¿cuán sólido y eficaz lo perciben? Un 54.9% señala que sus estudiantes han mejorado sólo en algo debido al DCN, un 37% dice que han mejorado poco o nada, y apenas un 7.5% sostiene que han mejorado mucho. Pero una abrumadora mayoría cree que debe ser cambiado, en parte o en todo. Sólo un 2.8% de docentes señala que no debe ser reformulado.

Vayamos ahora a los hechos. La Universidad Peruana Cayetano Heredia, por encargo del Ministerio de Educación, efectuó el 2013 una investigación sobre el uso del DCN en 24 escuelas de Lima, La Libertad, Apurímac y Huánuco, tres urbanas y tres rurales por cada región. Luego de una serie de entrevistas y observaciones de clase, llegaron a importantes hallazgos.

Este estudio constató un conocimiento limitado del DCN como referente para la planificación y ejecución curricular, algo que los docentes reconocen pero que justifican por la falta de oportunidades de capacitación. Es decir, hablamos de un currículo que no se explica por sí mismo a pesar de los años que lo tienen en sus manos. Será por esa razón que, según sus directores, dedican escaso tiempo y esfuerzo a la planificación curricular.

Se observó asimismo que predomina la improvisación, tanto en las escuelas polidocentes como unidocentes, aunque más en éstas últimas. Se constató, además, que lo programado para la sesión de aprendizaje no logra completarse y se difiere continuamente, que no hay correspondencia entre lo programado y lo enseñado, y que las estrategias pedagógicas predominantes se basan en copiar, dictar y controlar al estudiante. En otras palabras, el currículo no entra al aula.

Esta misma constatación fue corroborada por un estudio cualitativo sobre el uso del tiempo, realizado por la Dirección de Investigación del Ministerio de Educación el año 2012, en una muestra nacional de 400 Instituciones Educativas de 24 regiones: en general, los docentes de escuelas polidocentes y multigrado invierten su tiempo principalmente en actividades de copiado de pizarra y cuadernos, siendo escaso o nulo el empleo de libros, material didáctico y TIC.

Dado que las competencias que el DCN demanda no se aprenden dictando y copiando, podemos inferir aquí también la enorme brecha existente entre lo que prescribe el currículo y lo que en verdad recoge el docente para enseñar cada día.

El DCN tuvo el mérito de cerrar un ciclo de 10 años zigzagueantes en materia de reforma curricular, ratificando con entereza las apuestas pedagógicas que le dieron origen. Sin embargo, que ocho años después de su lanzamiento ésta sea la realidad en las escuelas nos preocupa, nos llama a reflexión y nos invita a corregir errores.

El nuevo Marco Curricular Nacional busca recoger las lecciones aprendidas de esta experiencia, para ofrecerle al docente un currículo más compacto, más claro y mejor ensamblado, con sólo 8 aprendizajes fundamentales que se despliegan, se reiteran y progresan desde la educación inicial hasta el fin de la escolaridad. Un currículo que se comprometa a entregar al docente instrumentos pedagógicos útiles para orientar su enseñanza y a acompañarlo de múltiples formas en sus esfuerzos por aplicarlo en el aula. Un currículo que, esta vez, sí quiera ir a la escuela.

Fuente: El río de Parménides

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