lectura

Tal vez estoy predicando en el desierto. Quiero decir que si estás leyendo esto, si eres lector o lectora habitual u ocasional de esta publicación, es porque te gustan los libros. Lo cual no quita que, si eres adolescente, sobre todo si tu edad ronda los quince años, es uno de los momentos más importantes de tu vida para leer.

¿Y por qué es tan importante esta edad para coger un libro y perderse entre sus páginas? Primero, se trata de una cuestión práctica. El mundo editorial, varias encuestas y estudios apuntan a que estás en la edad en la que más vas a leer en tu vida. La razón, triste pero real, es que más adelante no tendrás tiempo. La vida se meterá por medio. Vayas o no vayas a la universidad, estudies o no estudies una carrera o un curso de formación profesional, te dediques directamente a trabajar o no, es probable que te independices, que abandones el hogar en el que te criaste y que todo se te eche encima de repente. Tu tiempo libre será muy escaso y muy valioso; tendrás que dedicarlo a cosas tan emocionantes como hacer la declaración de la renta, fregar el cuarto de baño o comparar precios en el supermercado. Y hasta hace unos años ni siquiera habría lectura para interesarte, durante un tiempo estarías perdido en ese vacío literario que son los 18-25 años, en los que no encontrarías literatura específicamente dirigida hacia tu edad, con características propias tanto de la literatura juvenil como de la adulta. Por fortuna, eso empieza a resolverse con la New Adult Fiction estadounidense y con algunos escritores españoles que empiezan a darse cuenta de que sus lectores adolescentes han crecido y que sus necesidades, por tanto, han ido cambiando. Pero pierdo el hilo. Estábamos hablando de cómo esta es la edad en la que más vas a leer en tu vida. Por supuesto que el que quiere leer, tenga la edad que tenga, encontrará un momento para hacerlo (con un audiolibro mientras conduce, con un libro físico entre las manos diez minutos antes de quedarse dormido por la noche), pero es ahora cuando tienes el tiempo, la motivación y, sobre todo, la intensidad. Los libros que más nos impactan son los que leemos con quince años. Son aquellos que nos forman, los que nos construyen como personas.

El leer por placer a esta edad tiene toda una serie de consecuencias positivas: los jóvenes que leen por propia motivación (no por obligación) suelen acabar por tener mejores trabajos y un estatus social y económico más elevado que los que no han leído cuando eran adolescentes, independientemente del estatus social y económico en el que se criaron; por otro lado, cada vez hay más interés en la relación entre lectura y salud mental, ya que esta actividad tiene resultados muy positivos en pacientes con depresión, ansiedad y aislamiento social. Por no hablar del espectacular efecto que tiene la lectura en nuestro cerebro, llegando a formar conexiones y caminos neuronales que solo se asocian con este acto, o de las habilidades sociales que desarrollamos al interactuar con patrones narrativos y personajes potentes.

En resumen, y citando a la Asociación Internacional de Lectura: «Los adolescentes que entren en el mundo adulto en el siglo XXI leerán y escribirán más que en cualquier otro momento de la historia del ser humano. Necesitarán niveles avanzados de alfabetización para realizar su trabajo, llevar sus casas, actuar como ciudadanos y llevar adelante sus vidas personales. Necesitarán de esta alfabetización para lidiar con la ola de información con la que se encontrarán miren donde miren. Necesitarán de esta alfabetización para alimentar su imaginación, para poder crear el mundo del futuro. En un mundo complejo y a veces peligroso, su habilidad para leer puede ser crucial».

Todo lo que leáis hoy es una inversión para mañana. Leed, leed, leed sin descanso. Leed con gusto, con rabia, con apego. Vuestro futuro (y el futuro de todos) os lo agradecerá.

Por Gabriella Campbell

Fuente: Diario El Tiramilla

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