Grabar las clases para evaluar al profesor

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José Antonio Marina, acreditado filósofo y catedrático español, ha abierto un polémico aunque interesantísimo debate en torno al futuro de la educación. Según el diario ABC, propone vincular la remuneración de los maestros al producto de su rendimiento pedagógico. La iniciativa ha generado preocupación entre el profesorado. Marina sostiene que eso es bueno, porque “El objetivo (de su propuesta) es que en este país se hable de la Educación”.

La idea es genial, sencilla y creativa, pues no sólo apunta al objetivo de conseguir una enseñanza de alto nivel sino que, como veremos, lo hace apelando al uso de la tecnología contemporánea. El especialista sustenta su iniciativa como método para alcanzar “una verdadera carrera docente, atractiva y con progresión”. Tal vez lo más audaz de su modelo estriba en algo elemental y fundamental, ahora que la ciencia ha puesto en manos del mundo entero, alumnos incluidos, teléfonos inteligentes que permiten poner en marcha su idea: “grabar las clases para evaluar a los profesores y premiar económicamente a quienes mejores resultados obtengan”. Su plan incluye, entre otros aciertos, computar “la progresión académica docente, la progresión pedagógica del alumno, encuestas de evaluación de los profesores por parte del alumnado y la relación del profesor con los padres del alumno”. En conclusión, según, José Antonio Marina, “en base a estos conceptos los profesores deberían obtener un plus económico sobre su salario base”.

Sin duda nuestro magisterio rechazaría de plano implantar acá una propuesta similar. Por lo pronto entrarían en huelga indefinida para hacernos sentir su pésimamente mal concebido “espíritu de cuerpo”. Pero, hombre, ¿qué tendría de malo, por ejemplo, que los alumnos graben a sus maestros mientras dictan clases? Desde el punto de vista de la lógica de un Estado bien concebido, definitivamente no existe objeción alguna. Por el contrario, sería la expresión más transparente del comportamiento del docente delante de sus educandos. Claro, a menos que el profesor quisiera esconder alguna medianía, ramplonería o incapacidad. Pero precisamente los colegiales están en plena aptitud para graficar todo lo que ocurre en sus aulas. Definitivamente los directivos de las escuelas no son los indicados para hacerlo, porque serían juez y parte. Tampoco los padres de familia por no estar pre­sentes. Entonces es el escolar el llamado a grabar a su profesor para que las autoridades evalúen su comportamiento. Por cierto, bajo esta modalidad no sólo saldrían a la luz aquellas mediocridades pedagógicas del profeso­rado, sino especialmente su comportamiento moral, su cultura cívica y su razonamiento como seres humanos.

Evidentemente que en España esta proposición aún tie­ne carácter experimental. Pero desde todo punto de vista exhibe una consistencia irrebatible. Esta idea, así como cualquier otra que vaya por el mismo camino mejorar la calidad de nuestra educación, debe formar parte de las propuestas de gobierno de los postulantes a las elecciones 2016. El Perú nunca será viable mientras un sindicato magisterial comunista que defiende el bolsillo de sus afiliados sin exigirles rigor formativo intervenga de manera tan compulsiva en el aprendizaje de nuestros niños y jóvenes.

Luis Garcia Miró Elguera

Fuente : expreso.com.pe