Herencia genética + entorno de violencia = niños asesinos

0
843

Un trastorno de personalidad o una infancia dramática, son factores claves en el nacimiento de un criminal precoz. La ausencia de los padres y el maltrato influyen para que los menores ingresen en el submundo de las drogas y la delincuencia. Un problema que la sociedad debe asumir como propio.

La noche del 24 de abril en Aldeas Infantiles S.O.S., en el distrito de Cerro Colorado, el menor M.E.Q. de 12 años le clavó un cuchillo a su compañero de 15 años en el tórax, durante una pelea. La herida fue mortal: al día siguiente dejó de existir en el hospital. Como este caso, la conducta criminal en niños parece hacerse más recurrente en estos tiempos. ¿Pero qué razones conducen a un menor a quitarle la vida a otra persona?

Tal vez las respuestas estén en su pasado. Por ejemplo, este niño tuvo una infancia marcada por la violencia. Desde pequeño sus padres lo encadenaban junto con sus hermanos, para que no se escape de casa. Ante la denuncia de los vecinos, en el 2010 las autoridades intervinieron y los trasladaron al albergue.

Su padre, Eraclio Estaña, explicó a las autoridades que él también fue encadenado cuando era niño. Pero Luis no solo tenía las marcas de las cadenas en las muñecas y cuello, sino cicatrices por quemaduras y marcas de golpes.

¿innato o aprendido?

Los expertos dividen sus hipótesis. La Directora del Centro Psicoterapéutico del Perú, Janet Oliveros, considera que algunos casos encajan con una personalidad psicopática, que requiere tratamiento psiquiátrico de por vida. Este tipo de niños son fríos, no muestran arrepentimiento, sienten mucha ira, muestran descontrol, mienten con facilidad, manipulan y estafan. “Aunque por momentos parezcan chicos normales, incapaces de hacer daño”, afirma.

Esta descripción calza en el perfil de “Piolín”, un sicario confeso de apenas 15 años de El Callao, Lima. Hace dos años se inició en el mundo del hampa, para vengar a su primo, el “Loco Amén”. Con gran frialdad contó que cobra por “cada trabajo” dependiendo de la víctima. Dijo que su mayor estrategia es su apariencia. “Como soy chibolo nadie piensa que yo he sido pe’”, dijo el adolescente a la revista Domingo.

Si bien un niño con trastorno de personalidad, nace así, no todos terminan siendo asesinos. A decir de Oliveros influyen mucho la educación y los modelos de conducta así como el amor que recibe. Pero si tiene padres delincuentes y violentos, ellos harán lo mismo, porque es su forma de vida. “Es poco probable que cambien”, indica Oliveros.

En cambio, para el director del Centro de Atención Residencial San Luis Gonzaga del Inabif, Juan Vicente Monroy, es la violencia (durante la infancia) lo que puede degenerar a un niño que nace sano. “La falta de cariño, el constante maltrato, incluso desde antes del nacimiento, distorsiona el crecimiento de los pequeños”, afirma.

Monroy tiene varios años trabajando con niños en situación de abandono, y asegura que la violencia y el abandono moral marca a muchos menores para toda la vida. Muchos crecen creyendo que la forma como los trataron sus padres «es normal». Según relata, en los albergues hay dos tipos de niños: aquellos que aún sienten afecto por su padres y quienes los rechazan y son violentos.

Monroy dice además que estas conductas se arraigan si no encuentran más referencias en su vida, es decir otras personas que los inspiren para cambiar. De lo contrario hasta manipulan y tienden a ser muy independientes aunque no estén maduros para tomar decisiones.

Los dejan solos

Otra teoría que manejan las autoridades sobre las causas de la delincuencia juvenil es el abandono al que están expuestos muchos niños. «Es un problema social y económico», afirma el magíster en estudios para el Matrimonio y Familia, Rodolfo Castro. Los padres deben salir a trabajar y los hijos se quedan a merced de lo que brinda el televisor, los videojuegos, el internet y ahora el celular. Tras estas pantallas los menores están en contacto con contenidos violentos o vulnerables a malas influencias. Sin ningún control.

Castro, estima que esto ocurre porque muchos padres «no quieren asumir la responsabilidad de educar a los hijos».

El director del albergue del Inabif asegura que la violencia que absorben los niños en programas y juegos influye en su comportamiento. «Ellos ya no sueñan en ser súper héroes (como en los dibujos antiguos), sino en villanos» afirma.

Por su parte, la psicoterapeuta Oliveros advierte que los videojuegos tiene un poder adictivo porque otorgan una sensación de placer. Y para los menores con desórdenes de personalidad ayudan a reforzar las conductas violentas. El mismo efecto tendrán las drogas, a las cuales acuden los chicos para escapar de sus problemas.

La familia juega papel importante

La orientación de los padres es fundamental. Durante los 10 primeros años se desarrolla la personalidad de una persona, apunta Janet Oliveros.

El padre y la madre influyen en la formación de valores y en el desarrollo de sentimientos positivos hacia la vida, acota la especialista.

Rodolfo Castro explica que cuando existen problemas de comunicación en la familia, sus integrantes usan otros mecanismos. Los hombres: la violencia y las mujeres por lo general el maltrato psicológico.

Fuente: La República