alumno

Se sigue buscando explicaciones a los resultados de la evaluación censal. Pero la cuestión de fondo aún no se toca. Escuchando a Francesco Tonucci que visitó Lima, me acordé de Galileo. Ambos tienen la capacidad de pensar las cosas al revés. Galileo sostuvo que la tierra giraba alrededor del sol y lo condenaron por herejía, pese a que tenía razón. Tonucci piensa que la escuela de hoy donde los niños se aburren no sirve, que una escuela que obliga a estar sentados 5 horas en el mismo sitio no es para niños normales. Fue más allá: el juego es un derecho de los niños, es el mejor camino para aprender y debe ser respetado y obligatorio en las escuelas ¿Lo condenarán por herejía también?

No es poca cosa. Se trata de pensar la escuela al revés: En lugar de que los niños permanezcan sentados en la misma aula, siendo visitados por profesores que les brindan conocimientos distintos cada hora, los niños deben desplazarse en diversos espacios, talleres, laboratorios, parques, etc. motivadores y significativos para ellos. En lugar de que todos aprendan lo mismo, cada niño debe encontrar y desarrollar aquello en lo que es mejor. En lugar de evaluar estandarizadamente para ver en qué aprendizajes prefijados los alumnos no son competentes, se debe evaluar positivamente en qué aspectos (insospechados para la programación única) es excelente CADA niña o niño. En lugar que ir a clases sea obligatorio, se debe permitir que los niños elijan lo que quieren investigar y aprender. En lugar que los maestros sigan un guión cuadriculado, deben tener libertad y autonomía para enseñar y tienen el reto de hacerlo de manera divertida, para que los alumnos vengan felices (no obligados) a aprender muchas cosas.

Algo marcha mal en las escuelas y no son solo los “logros de aprendizaje”.

Tengo la impresión que las reformas educativas no tienen aún la audacia de Galileo para transformar de raíz las maneras de enseñar. No cabe duda que hay grandes y loables esfuerzos por hacer mejor muchas cosas: mejores textos, mejores docentes, programas de fomento de la lectura, mayor tiempo escolar, estrategias y recursos para niños indígenas, etc. Pero si todos estos esfuerzos se colocaran en un nuevo imaginario de escuela entonces sí servirían.

¿Puedo leer libros? Preguntó un niño (Sic. Tonucci) pero solo leerlos, alertó. Es decir, no resumirlos, ni buscar palabras en el diccionario, ni ficharlos. Solo leerlos. La lectura no es libre y la escuela tampoco. Esta presa de una inercia tecnocrática que invade todo el sistema educativo llenándolo de prescripciones, mediciones, regulaciones porque el sistema no confía en los docentes, ni en los alumnos, ni siquiera en sí mismo. Como resultado, puntualizó P. Andrade, no hay autonomía que, junto con la confianza, permiten logros espectaculares en países como Finlandia.

La calidad no es eficientismo sino búsqueda de la excelencia de CADA ser humano. Tenemos que discutir el modelo de calidad que hemos asumido como infalible. Porque está fallando.

Fuente: Diario La Primera

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