Las políticas educativas fracasadas de Alan García y los retos de Patricia Salas

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La educación en los tiempos del APRA fue como lo dijera alguien, para la Cenicienta que espera una oportunidad. No fueron oportunidades logradas, sino más bien, políticas del garete, de la desidia educativa enmarcada en los intereses nada santos del Banco Mundial y otros organismos multilaterales. Y Alan García supo adobar la retórica y usar el argumento del juego de números para hacernos creer que todo iba viento en popa. Pero no es así, empecemos recordando su declaración de analfabetismo cero, para embaucarnos con una de sus acostumbradas falacias. Ciertamente una de las políticas fracasadas es el Programa Nacional de Movilización por la Alfabetización (PRONAMA) bajo cuyo triunfalismo aprista hubo mucha corrupción y fue como lo sabemos espacio para la tienda política y el clientelaje para apristas desempleados.

Otra de las políticas fracasadas es sin duda el Plan Piloto de la Municipalización de la Gestión Educativa, cuyo plan fue lanzado por Alan García en octubre del 2006, desde ese año hasta hoy lo único que se ha observado son desencuentros con la población focalizada. Fue la política más rechazada por su falta de pertinencia social y presupuesto. Lo preocupante es que Patricia Salas, nuestra actual ministra haya señalado su continuidad. Se trata de una causa perdida. No habría que insistir en propuestas fracasadas, eso no quita la vocación descentralista a ninguno que quiere una educación desde la periferia. Sus verdaderas intenciones son otras que la auténtica descentralización.

Alan García no hizo absolutamente nada por superar la desigualdad e inequidad en la educación rural, los indicadores más críticos en el rendimiento de los escolares y la poca atención del Estado peruano se han presentado en el medio rural del país. No existe un Diseño Curricular Nacional que atienda a la diversidad cultural y plurilingüe ni políticas educativas. Por eso, la denominada Educación Intercultural Bilingüe fue casi borrada de los órganos del Ministerio de Educación colocándose ahí personajes que se encargaron de liquidar este proyecto que no tuvo incidencia con impactos esperados sino para engañar y calmar a quienes buscan el desarrollo de la diversidad cultural como parte de la democracia que tanto espera el país.

En el rubro formación permanente de maestros se implementó el PRONAFCAP un programa orientado a fortalecer al maestro en el manejo operativo del Diseño Curricular Nacional, pero en el último mensaje de Alan García por fiestas patrias del 2010 fue presentado como un éxito. Nada más falso. Hay quienes lucraron en nombre del PRONAFCAP, entes ejecutores de algunas universidades que en realidad fueron un grupillo seleccionado por intereses políticos y religiosos que en vez orientar al maestro lo han desorientado más. En vez de ser mediadores y facilitadores de procesos fueron complicadores. El programa tuvo que enfrentar la triste realidad de la falta de capacitadores preparados para la labor de formación continua. ¿Patricia insistirá en otra causa perdida?

Hablemos y con claridad sobre la Nueva Carrera Pública Magisterial. Se trata de una ley que busca incentivar al maestro que muestra buenos desempeños profesionales, y sea premiarlo por tal aporte. Pero hay una contradicción entre las intenciones y la realidad. Lo que ocurre es que este programa ha devenido en un premio a los que saben resolver las pruebas de suficiencia en Razonamiento Matemático y Verbal y alguna cultura pedagógica oficial. Y no como fue concebida para dar mérito y incentivo económico a los mejores maestros. Los profesores incorporados a esta ley siguen siendo parte del problema y no de la solución de los problemas educativos. Patricia Salas ha insistido más de una vez en la idea de su continuación, pero debemos señalar que hay que hacer una renovación profunda del programa y hacer que prevalezcan sus verdaderas intenciones. La ley de carrera pública magisterial se ha convertido en un acertijo, incorporarse es cuestión de suerte.

Existen proyectos que tienen incidencia focalizada en varios rubros, pero hay una que también merece ser replanteada, se trata del Proyecto Estratégico de Logros de Aprendizaje (PELA) que pertenece a las políticas educativas de Alan García. En sus procesos de implementación se notan muchas deficiencias de personal, infraestructura y sobretodo de propuesta educativa y pedagógica. Hay que dejar de lado los afanes del centralismo que querer uniformizar hasta los aprendizajes. En un país tan complejo como el nuestro es hora de dar paso a la iniciativa de las regiones y que ellas sean los verdaderos actores del destino que quieren y buscan, y no como ocurre hoy en día, todo hay que dejarlo al antojado criterio de los viejos autómatas del Ministerio que Educación que habría que renovarlos, si queremos la educación que esperamos.

Patricia Salas, tiene mucho por hacer. Y ojala el continuismo que muestra y los pocos reflejos no nos hagan caer en más de lo mismo. El sopor educativo del que no podemos despertar.