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Mike Collins comenta que en 1995 en Oregon se promulgó un nuevo currículo que mejoraría los resultados de los exámenes y tasa de graduación escolar “Ley de la Educación para el siglo 21”. Producto de innumerables comités, consejos y debates escolares, ideó el currículo, las nuevas normas, y las pruebas. Era un clásico enfoque de “arriba hacia abajo” para resolver los problemas de la  educación. Cuatro años más tarde, los resultados de las pruebas no mostraron mejoría alguna. Lo mismo 17 años más tarde (Forbes,  12 y14 11 2014)

Sostiene que si no se resuelven los problemas y obstáculos sociales, económicos y culturales para el aprendizaje de los niños que no dependen de la escuela, difícilmente se resolverán los que dependen de los planes de estudio diseñados por los expertos.

Estos problemas afectan la habilidad del estudiante para aprender: desempleo familiar, pobreza,  violencia e índices de delincuencia en su entorno, inestabilidad familiar, hambre, acceso a atención médica. Estos niños se centran en la supervivencia y encarar sus problemas. Con ellos los maestros lograrán muy poco sobre la base de una reforma curricular.

Hay un segundo grupo de estudiantes que se gradúan de la secundaria pero con una formación muy frágil y escasa que no alcanza para cumplir con los requisitos de acceso a la educación superior. Muchos de ellos si ingresan luego abandonan la universidad en el primer año y van a trabajar en empleos de baja remuneración porque carecen de habilidades. Son estudiantes es desinteresados que se aburren en el colegio. difícilmente estos estudiantes mejoren su desempeño por el hecho de elevar los estándares de exigencia.

Sin duda hay una minoría de estudiantes motivados que reúnen los requisitos para hacerla bien en la universidad. Ellos están comprometidos, interesados y aparentemente son capaces de dominar las exigencias, pero a ellos les da lo mismo cualquier currículo porque sabrán cómo lidiar con las diversas exigencias. Son los menos.

El éxito de una reforma curricular quizá requiere previamente otras acciones como contar con psicólogos y asistentes sociales en las escuelas, y suficiente  tiempo para atender las necesidades emocionales de los alumnos, temas que la escuela peruana ha rehuido sistemáticamente.

León Trahtemberg

Fuente: http://eltiempo.pe

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